Blog Muñecos por el desarrollo

Esto es la vida, compadre.

 

Martín…

¿Martín?

¡Martín!

Y es que despertarse cada mañana viene siendo como la experiencia de nadar bajo la cascada en los Saltos de Jima, rico y doloroso. Proporcional el placer al dolor en ambos casos. Luego, la gran diferencia entre este despertar y aquella cascada: aquí no cae agua. Luego sí. Luego no. Luego sí. Después de la ducha y medio de café la cosa comienza a tomar forma y los engranajes encajan unos con otros. Metes todos los útiles a la bolsa, caminas, recuerdas lo que aprendiste de la vida de doctora que llevaba tu ex novia, algo que te ha arraigado profundamente en el cerebro: los turnos de treinta y seis horas cada tres días, los exámenes. El clima es igual en aquella parte tan cruda de Guatemala como en esta isla. Copia todo lo que puedas de la clase de Antonio, aprende a mover los hilos de los titiriteros… ¡Bravo! Se te volvió a olvidar el lapicero, ¿verdad?. Uno prestado, quédatelo accidentalmente, la cafeína comienza a ceder hacia el final de la clase, pero no se te ha ido ni una coma. Todo estará en el correo y tu cuaderno será más bien una guía para interpretarlo. Hoy te toca ir por el café; un día Tania, un día vos. Gloriosa, gozosa cafeína. El olor, mezclado al de los químicos industriales en la clase de Manuel, en el taller. Sostener esa dinámica eufórica en la que todos hacen eso que tanto te gusta. Unos lijan, otros pegan, otros cortan y así se va pasando el breve tiempo de construcción. Lindo muy lindo. Jorge, junto a vos, no deja de regodearse en lo bien que cree que le ha quedado el suyo mientras juega un lapicero, un marcador o cualquier otra cosa que pueda sostener entre los dedos. El tuyo es una mapache, da ternura verte colocarle los ojos, pegarle sueños poco a poco, sujetarle ilusiones aquí y allá… ¿O las ilusiones son las que se cosen al final? ¿Qué te parece más cursi para el ensayo, Martín? ¿Qué pensará Victoria cuando lo vea? Le gustará ver su caricatura vuelta un animalito. Siempre le has dicho que parece un mapache. Son las ojeras, sólo a ella podrían no gustarle sus ojeras. Camino al almuerzo, tranquilo, no viniste a pensar en los fantasmas de Facebook que nos atormentan a todos. Hubiera sido genial traer a un psicólogo; lo único que tenemos, en vez de eso, es la hora del almuerzo. Montañas de arroz, carreteras de fila para llegar, paisajes de carne o tostones y un solo cubierto  que debe hacer las veces de pala y sostén de la comida. Choque cultural con eso de utilizar una tortilla o un tamal para empujar la comida. Segundo round de choques culturales: Los modismos (Bayunco, maje, bicho chara, cholero, shuco, pelón, pelo malo, pelo bueno, relajado, chero, chiris, vale, venga, guay y un larguísimo etcétera).

Último café del día, te lo juras.

Manipulación. Llega el Implacable profesor Eduardo. Máxima tensión y atención. Despacio, es un ballet. De esto a lo que hacías hay la misma diferencia que entre una marching band de escuela secundaria y una filarmónica. “Partitura, rigor”. Te fijas en los ticks de cada uno de los maestros. El carraspeo de Antonio, el mutismo que rompe sólo en ciertos momentos, casi un místico. El “¿Sabes?” de Manuel y sus énfasis, tan característicos de un escorpio. Y el “¿Mmm?” de Eduardo, con todo el impulso, tal cual lo haría un muñeco. No sabes si la marcha imperial de “Star Wars” es más adecuada para Marvin o para Eduardo... Se acabó la clase. Caminas de regreso a casa, con los rayos diagonales del sol dorando a las lagartijas del trópico. Salsa, merengue y/o bachata en los quitipones de la vecindad. Hombres y mujeres corren y sudan como nunca antes habías visto que un ser humano pudiera sudar, vos mismo no habías sudado así antes de venir, ni siquiera en los entrenamientos de karate en la costa sur, con el karategi enlodado y los otros adolescentes con la misma animosidad, ni en las discotecas de Quetzaltenango, moviéndote al mismo ritmo que la masa compactada, ni con las fiebres en Escuintla, ni la semana que pasaste en el lugar más caliente de El Salvador. De verdad, ha sido todo nuevo y sin embargo similar. Algo tendrá que ver el espíritu tahíno y africano en cómo se mueve el mundo en estas semanas, algo como los ritmos que bailaba aquel haitiano en la fiesta a la que fuímos, algo familiar, fundamental, parte antigua del mundo y, sin embargo, tan profundamente olvidado que al brotar nos parece nuevo… Nunca antes escuchado pero integrado al cuerpo desde antes de nacer, me imagino que así se sintió escuchar un corazón por primera vez.

Volver a la casa, no hay agua, no hay luz, dieta estricta de tareas. Cereal con leche para la cena. Actualizar el diario, eso es lo principal. Las notas, los dibujos que no has completado, porque lo que a vos más te interesa es llevarte el método y reproducirlo, volver para formar a otros, para gritarles órdenes y que te acaben la paciencia con su torpeza. Momento de chat, momento de reunión, momentos de cólera y, más bien, una montaña rusa emocional. Se ha vuelto de noche. Todavía falta trabajo de la editorial, pero bueno, que se aguante Paco, hay que ir a abrazar la almohada. El beso de la criolina con que desinfectaron alguna vez la cama. Esto es la vida, compadre, esto esto es la vida.

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